"Si después de conocerme bien sigue diciendo que es mi amigo, es uno de los buenos", decía Kurt.“Todos tenemos días difíciles”, frase remanida si las hay.
La mayoría de nosotros la hemos dicho y/o la hemos escuchado.
Hay días en que el mundo nos parece intolerable y hay días en que cada átomo del mundo parece volvérsenos en contra.
Pero, a mi modesto parecer, los peores días son aquellos en los que ni yo me banco.
No es falta de autoestima.
No es disconformidad.
No es histeria.
Es la desesperante constatación de un pensamiento espiral: me doy cuenta de que no me banco mi forma de resolver las cosas, que quisiera actuar diferente, que me gustaría llevar los mismos planteos por otros caminos. Pasa que ese modo de actuar es el que me permite expresarme con claridad y honestidad. “Malo, pero mío”, se podría decir.
‘Tonce? Qué hacer? Conservar la Mrs. Hyde de ésta Dra. Jekryll ó implementar una especie de electroshock de tolerancia, planteos con voz pausada e intercambios de los que todos salimos fortalecidos?
Soy impulsiva.
Soy cabrona.
Soy discutidora (NdeR: agárrense si llego a estar convencida de que tengo razón!).
Yo soy así.
Pero no soy rencorosa ni busco ser hiriente (NdeR: me voy a anotar un par de porotos, así no los espanto tanto…).
Soy así. Los que me conocen, saben que soy así.
Los que saben que soy así y se quedan espontáneamente, saben a lo que se exponen.
‘Tonce? Qué hacer? Me parapeto en el entendido de que están avisados, así que si no les gusta, jod*erse?
Es una opción. Era una opción, bah.
Quizás, porque nunca antes había visto que puedo herir mucho. Aún sin intención, aún teniendo razón…
Una de las tareas más duras y fundamentales que tienen los amigos es la de mostrarnos nuestras miserias. Nadie se expone a un trabajo tan insalubre si no es por lo que le importamos. Y, encima, ni remunerado está.
Cada vez que un amigo me enseña algo, siento que crezco.
Cada vez que un amigo me muestra mi lado malo, me ayuda a ser mejor persona.
Que para eso estamos acá, si mal no recuerdo: para aprender en base a equivocarnos.
Así, pues…tendrán que seguirse mojando, amigos míos.
Pero intentaré que no sea hasta el cuello!
Perdón y gracias.

