miércoles, 4 de noviembre de 2009
El Gran Simulador
El feriado del 2 de noviembre era la perfecta excusa para el clásico Trotasimulacro de la Nike 10k.
La cosa pintaba poco concurrida...y fue así, nomás. Es que había que tener ganas de correr el lunes, con esa humedad irrespirable y toda la modorra del finde largo.
Pero los que estábamos, estábamos con ganas: H, Alexis, Nelson, Matute, Duke y yo.
Como ya es mi sello personal, llegué tarde a la cita en la llegada del recorrido. Allí dejaríamos los autos, nos amucharíamos en la camioneta de Alexis, llegaríamos a la largada y a correr...hasta los autos!
Una vez absorbidos los insultos hacia mi impuntualidad, emprendimos viaje.
Si a nosotros nos parecía raro estar disfrazados de corredores en plena Avenida del Libertador un feriado a la tardecita, imaginen las caras de los escasos transeúntes...un poema.
Lo cierto es que vencimos la vergüencita y arrancamos a descubrir el nuevo recorrido de La Pipa.
Horroroso...
El repecho previo a 18 de Julio es un auténtico comepiernas, sumado a lo poco motivante del tramo céntrico...llegué a la Rambla completamente frustrada, con ganas de parar a tomar agua y un taxi.
El tramo Rambla es terreno más que conocido, con todo lo bueno y lo malo que eso conlleva.
Cansada, con poco aire, decepcionada y sin más motivación que el buen rato que se pasa entre amigos, me fui quedando hasta "arañar" la meta pasada la hora de trote.
Todos acusaron el cansancio, excepto Duke. Calculamos que sería por las cinco milanesas que admitió haber almorzado. Un claro indicador de la razón que le asiste a Matute cuando dice que Duke está "a otro nivel": un humano promedio hubiera muerto corriendo después de semejante ingesta.
Ya sabemos que los días de carrera tienen "ese qué sé yo" que no se compara con un entrenamiento. Ya sabemos que el pronóstico del tiempo es alentador en comparación a la semana pasada.
Sin embargo, no quiero hacerme grandes expectativas con "mi" carrera de este año.
Me queda esa alegría de estar cumpliendo un nuevo aniversario en esto de correr y el placer de compartir otros 10k con el Troterío. Del reloj, me parece que esta vez me olvido.
Será cuestión de cargar bien el Ipod y disfrutar de la compañía...
Una ola de 8000 camisetas amarillas no te lleva todos los días por las calles de Montevideo...
Nos vemos el viernes para el Bonus Track...y vaya si tendré que elegirlo cuidadosamente!
Va a ser imprescindible!
miércoles, 7 de octubre de 2009
Tres de Tres: Race Report Salomon Salto del Penitente
Empecemos por el principio, como se debe.
Cuándo decidí correr esta Salomon?
Si mal no recuerdo, fue enseguida de que el Dr. Hielo me prohibió volver a correr una carrera aventura en mi vida. A la vista estaba lo que la Sierra de las Ánimas había hecho con mi rodilla.
“Y para qué consultás al médico, si después no le das bola?”, preguntó el Pingüino con su habitual agudeza.
“En realidad, me dijo ‘No más maratones por este año, no más carreras aventura nunca más’. O sea, le hago caso en 1 de 2, no está TAN mal!”, respondí.
Y bueno! El circuito no iba a ser tan duro (NdeR: salvo que uno vaya a hacer el París-Dakkar a gamba, no existe circuito más duro que el de la Sierra!!!).
Mi rodilla estaba 100% recuperada y yo no había corrido una maratón la semana anterior, como sucedió con la Sierra…
Y la idea era ir a pasearla, sacar lindas fotos, pasar un buen rato con mis amigotes y cumplir el 2º objetivo del 2009: completar las 3 Salomon.
O sea, era una desobediencia con criterio ó, al menos, con un motivo válido.
Allá salimos a armar el grupete, cosa de abaratar la inscripción con el promocionado “pagan 5 y corren 6”.
Lo divertido es que uno ahorra en la inscripción y el día de retiro del kit seguro sale con algún “chiche” en una bolsa.
La última vez, me fui con un gorro. Pero esta vez me discipliné.
Retiré los kits sin gastar extra. Nuevamente salí desilusionada, porque la remera es TAN grande y masculina que terminará en el fondo del placard y no corriendo por la Rambla conmigo…en fin.
Llamadas y sms iban y venían coordinando la excursión dominical.
Parecía que Duke iba a llegar al Penitente al estilo Marajá, rodeado de su harém.
A último momento, el mujererío se dispersó y quedé yo sola.
Sola, es un decir. Ya le había avisado, pero el pobre Duke no pudo ocultar su asombro cuando me vió bajar del ascensor con un cargamento tan abultado como el que hubiera llevado alguien normal para el Cruce de los Andes.
“Te mudás?”, se le leía en la cara, pero el Duke no hizo ningún comentario.
Allá subimos el soporte de bici de los Panther (NdeR: prestado para mi frustrado intento de convertirme en duatlonista), la mochila con ropa para cambiarme, la camelbag, el kit de Marce, la bolsa con el Combo Pingüino para desayunar en el camino y la torta de cumpleaños de Panther. Repito: le había avisado antes…
Partimos rumbo a Lavalleja, medio desacomodados por el cambio de hora oficial que nos había restado una hora de sueño.
Además de eso, a mi se me había pasado la hora dejando todo listo para la excursión, por lo que tampoco me había acostado temprano.
El viaje transcurrió tranquilo, con varias “paradas técnicas” en cuanta estación encontramos. Parece que piloto y copilota nos habíamos tomado en serio el tema de la hidratación pre competencia.
En el medio, llamadas con el Panthermóvil y Harley Chilenson para coordinar un encuentro en ruta que nunca pudimos concretar.
El Duke había impreso prolijamente el mapa de acceso al Penitente, donde marcaban las dos posibles entradas.
La más lejana era la recomendada: era la que estaba en mejores condiciones.
Menos mal! Los 7km que separaban la ruta del acceso al Penitente parecieron de rally.
Curvas cerrada, pozos, pendientes de-esas-que-te-vas-de-boca…
Pero el piloto no se amedrentó y llegamos en buenas condiciones al estacionamiento que se había armado a unos cuantos metros de la largada.
Llamadas para ubicar al resto. Marce ya estaba junto al arco de largada, esperando su kit. Los demás hicimos punto de encuentro en el Dukemóvil.
Besos de feliz cumpleaños a Panther. Anécdotas de la carrera de Las Piedras con Trota Chill Out post competencia, cortesía de los locatarios.
Arrancamos con los preparativos, mientras aparece el Colo, que había madrugado para ir a acompañarnos. “Por algo soy el Colo de la gente”, dijo.
Detecto problemas: la f*cking camelbag tiene la bolsa pinchada. Por suerte, el Clight Hidrade no llega a la cámara de fotos. Uffff.
Elimino la bolsa y decido confiar en la abundancia de los puestos de hidratación. Mochilita a la espalda y me ajusto las correas solita, pa’ los que desconfían de mi motricidad.
Los varones del equipo arrancan campo adentro para el consabido pis pre carrera.
Ale P y yo nos miramos…por qué nosotras tenemos que hacer la fila para el baño???
“Vos tapame que yo te tapo a vos”, le dije mientras buscábamos un arbusto discreto.
La pobre Ale revoloteaba alrededor del arbusto, ya que los cazadores de baños agrestes no paraban de pasar mientras yo intentaba concentrarme en la tarea (NdeR: la experiencia de un Pilsen Rock y dos partos reducen sensiblemente el pudor humano en relación al tema).
Solucionado el particular, nos reunimos con el resto y arrancamos cuesta abajo, rumbo a la largada.
Mucho movimiento, muchos corredores y muchos acompañantes.
No hubo nadie del grupete que no parara a saludar a amigos y conocidos. Una especie de “efecto Coach” generalizado: no avanzábamos un metro sin abrazarnos a los gritos con alguien.
Entre tantos, justo nos volvemos a cruzar con Miguel de Rochaventura. Esta vez, fui yo quien lo saludó ya que “sin la remera oficial no te reconocí!”, me dijo.
“Negraaaa!!!”, escucho. No podía ser otra: mi amigota Lola y su equipete de Saladas se preparaban para largar. Con la cámara en una mano y su perro Tai en la otra (NdeR: sí, el perro de Lola cabe en una mano femenina promedio), registraba la previa de la carrera.
Siempre presente en las carreras aventura, Ariel B también se acercó a saludar. Desde mi maratón que nos veíamos!
Encontramos a Marce y le entrego el kit. Arrancamos con la sesión de fotos y los estiramientos.
El arco que tenemos al lado es el de la llegada, parece que la largada es campo adentro.
La caminata hacia el lugar oficia de calentamiento.
A esas alturas, ya perdimos a Chile. Los demás logramos juntarnos y hacer el choque de manos tradicional.
Casi no terminamos de decir “buena carrera”, que vimos a los de adelante salir desaforados y los seguimos.
A pocos metros, ya había que meter los pies en el agua. Claro, si uno era un poco menos atropellado que quien suscribe, había chance de mantener los championes secos un rato más.
Pero no.
La bestia se mandó como vino y los Pegasus se perdieron bajo una gruesa capa de barro.
El recorrido seguía por pasto hasta el km 3, aproximadamente.
Allí, el primer puesto de hidratación también era el mojón donde se separaban las carreras: endurance tomaba a la izquierda, short hacia la derecha.
Me dio pena que Ale no siguiera con nosotros. Tenía sentido que se cuidara (NdeR: había corrido la 10k de Las Piedras el día anterior y a la noche tenía el festejo de cumple de Panther), pero hubiera estado divertido correrla juntas. 2010 nos dará revancha!
Así que quedamos Duke y yo.
Ya había avisado que mi idea era “pasear”, pero no imaginé que llevaría TAN a la práctica mi afirmación.
Arrancó allí un auténtico desafío para la psiquis de esta corredora-mediopelo-promedio: vencer el combo trecho embolante+interminables pendientes+salado viento en contra.
Hasta el km 10, el recorrido podía reproducirse en laboratorio. Usted necesitará una cinta de correr, una televisión, un reproductor de DVD y una filmación de un campo atravesado por un camino de balastro, en formato compatible con el reproductor.
Listo?
Bueno. Coloque el DVD en el reproductor y encienda la tele. Programe la cinta con una inclinación de 20º. Súbase y empiece a correr, siempre mirando la filmación en la tele.
Una cosa así, pero sumándole un viento frontal de la chadelalora!
Iba TAN arrastrando las patas, que me daba cuenta de lo mal que estaba pisando y el temor por mi rodilla revivió.
Duke me esperaba, el pobre ya se había resignado y aprovechaba a sacar fotos.
No hubo manera de convencerlo de que siguiera, así que le puse un poco de empeño para remontar un poco el tiempo, porque de verdad que era más lo que estaba caminando que lo que corría.
Pero el camino no daba tregua y la rodilla empezó a molestar. “Nooooooo!!! No puede estar pasandoooo!!!” pensaba yo, aunque el dolor era más bien en la parte interna y no sobre la rótula como la vez anterior.
Igual, no iba a arriesgar NADA y le señalé a Duke que iba a seguir caminado, porque estaba dolorida.
Casi al mismo tiempo, apareció la alfombra de control de los 10k y enseguida salíamos del balastro para entrar al campo (y a la bajada!!)
El cambio de dirección era bastante brusco, así que el tema del viento también mejoró.
Sumado al pastito y la bajada, me sentí con fuerza para apretar el paso y la rodilla dejó de molestar.
Ahí recuperamos bastante y también nos motivamos con el paisaje, que en verdad era espectacular en ese tramo.
Más fotos y la consiguiente pérdida de posiciones que habíamos recobrado. No importaba. Valía la pena olvidarse de la carrera y del crono para disfrutar de lo que veía.
Hermoso como la Sierra, pero mucho más apacible.
Se respiraba una especie de armonía muy particular, algo similar a cuando les contaba aquella corrida en las afueras de Melo, donde el paisaje parecía “cantar”.
Aquí pasaba algo de eso.
El Arroyo del Penitente pasaba como un hilito por el recorrido. Yo tomé de su agua por primera vez hace como 15 años, y casi no recordaba la última vez que lo había hecho.
Pero me acordaba de que era el agua más deliciosa que había probado.
No me quise privar de renovar esa comunión con ese lugar que tanto me gusta, y paré sobre las piedras para llevarme un poco del Penitente otra vez.
“Como un hilito”, dije? JA! Al rato de seguir troteando por la bajada, nos encontramos de cara al arroyo…al PROPIO arroyo!
No pude evitar recordar el porrazo en la primera Salomon, así que no objeté nada cuando Duke me agarró la mano para cruzar, como si de una octogenaria se tratara.
“Te das cuenta las cosas que tengo que hacer para agarrar de la mano a tu marido”, le había gritado a Ale B en aquella oportunidad. El Popoto había venido en mi auxilio cuando me reventé contra la roca.
Salimos ilesos y seguimos camino, con los championes crujiendo.
Más campo y más bajada. El GPS de Duke decía que la llegada estaba muy próxima.
Pero faltaba algo. El murmullo de los corredores que venían adelante presagiaba algo bravo.
Una pendiente de unos 200 mts cortaba nuestro apacible recorrido de pastito y piedras.
Un “camino de hormigas” con camisetas azules se destacaba a lo lejos sobre esa cuesta.
Parecía más grave de lo que era: a diferencia de las Ánimas, la subida era bastante accesible dado que no era tan empinada. Y había casi una escalera formada por piedras, lo que facilitaba enormemente la tarea.
La llegada a la cima ameritaba un parate para disfrutar de la vista.
Era realmente emocionante. Lejos quedaba cualquier pena o cualquier preocupación. Aquel lugar estaba en perfecto balance. Y yo estaba conectada con esa perfección en ese momento.
(ADVERTENCIA: el siguiente será el “Párrafo Paloma” de todos los reporte de Elba Reel. Si Ud. es alérgico/a a los lugares comunes y a la sensiblería barata, consulte a su médico antes de seguir leyendo).
Me saqué los auriculares.
Todo estaba TAN en orden. Me acordé del disco de Buceo Invisible: “cierro los ojos y todo respira”. Y todo parecía respirar a mi ritmo. O yo al suyo.
Miré hacia el otro lado.
Banderas de Salomon y el arco de llegada se veían desde una increíble perspectiva.
Era todo parte de lo mismo: sólo había que dejarse llevar por la bajada, y la tercera Salomon estaría cumplida.
Busqué una linda canción. Ni motivante, ni cool, ni que me marcara un buen ritmo.
Sólo una linda canción. Y allá fuimos.
Pisé la alfombra en 02:18. Saludo con Duke y con el resto del Troterío.
Misión cumplida. 3 de 3.
Me puse a recordar todo lo que me había llevado hasta allí. Como fue que decidí correr una carrera aventura, y como corrí la siguiente.
Siempre digo que hay carreras que siempre quiero correr. La Salomon se ganó un lugar entre esas.
Y después, qué? A comer, obvio!!! Saben el hambre que juntamos en 18km?!?!? Y eso que el puesto de Gatorade y frutas estaba de lo más abastecido.
Pero había tortas caseras en el auto y un cumpleaños para celebrar.
Hace un par de días recibí mail de la organización. Hacían una breve reseña de las repercusiones de la carrera y los resultados. Pero lo más interesante: avisaban que ya están laburando para la serie 2010…
Con qué lugares alucinantes tengo que empezar a soñar???
…………………………………………………………………………………………….
FELICITACIONES a Jorge y toda la gente de SUCA, por otra carrera que se disfrutó muchísimo.
Era realmente muy difícil bajar las expectativas después de la Sierra.
A nivel de recorrido, creo que el anterior fue muy superior. Pero la organización fue impecable en el Penitente. Hasta esos primeros 10k torturantes fueron un gran desafío!
Nos vemos en la próxima.
viernes, 28 de agosto de 2009
Aquí voy (otra vez!)
Como bien sabemos que todo pasa, hoy toca una buena: el finde completé mis primeros 10k luego de la lesión. Y sin dolor.
El martes 25 repetí esa distancia, y esta vez tenía a H controlando el tiempo: 01:02.
Animada por el buen retorno, hoy planeaba salir solita a probar un poco más la pata.
Digamos que estaba en uno de esos días donde me siento especialmente motivada.
Tenía muy poco rato, pero quería salir sí o sí a correr esos 8k.
Había sido un lindo día, el clima estaba ideal, la Rambla estaba hermosa (NdeR: exceptuando la cantidad de gente que se acumula cuando la temperatura sube un grado más de lo normal)...correr era el cierre para un día perfecto.
Hacía rato que no corría sola, así que el Ipod salió de la siesta de estas largas semanas y la elegida fue la playlist de la Maratón de Montevideo.
Puse el crono y arranqué como tuve ganas, sin el miedo que venía teniendo hasta ahora de resentir la rodilla, ni calculando si me "quemaría" antes de tiempo, ni especulando con nada.
Tenía ganas de correr fuerte (en relación a mis capacidades, se entiende) y no me quise privar del capricho.
Del 4 al 8, sin viento y sin cansancio. Parada de crono en el 8, trotecito hasta el bebedero.
Ya refrescada, lo que cuesta es el reenganche.
Uf, y como costó! La vuelta del 8 al 4 fue de permanente mentalización para no bajar el paso.
El calor se sentía mucho más, pero seguía sintiéndome bien y sin dolor, así que seguí tan fuerte como podía sin tocar el límite.
No voy a negar que me sorprendí cuando paré el crono en el 4...
Fueron 45'12". Y sí, lo miré de vuelta: pero el número seguía ahí! Cuarenta y cinco minutos, doce segundos.
Agotada y feliz, me tiré en el pasto del 4 a estirar.
Cero dolor.
Parece que La Reel está de vuelta, nomás...
Mamma Mía - Abba Teens
Vale cantar. Yo de hecho lo hice, durante los 45 minutos! No necesité aire en ningún momento, lo que sí recibí varias miradas del tipo "esta mujer no está bien..."
Y mire que hago esfuerzos pa' parecer normal...
Buen finde y buenas corridas para todos.
viernes, 12 de junio de 2009
Celebrando la entrada a la veintena!
Y no falta a la verdad!
La celebración de la que hablo es otra y es doble: llegamos a los veinte seguidores en este, nuestro humilde blog. Y el domingo pasado completé mi carrera nº22, al correr la 2ª etapa de la Salomon en Sierra de las Ánimas.
Gracias a los lectores de "la vieja guardia" y a los nuevos que se han incorporado. La verdad es que es muy gratificante.
De la carrera, qué decir? Estuvo realmente espectacular, en organización y en un recorrido único. Me enamoré de las carreras aventura en la 1ª etapa de Salomon en Punta Ballena y ésta la superó ampliamente, en dificultad y en paisaje. Ahora, espero la 3ª etapa en el Salto del Penitente y así cumplir mi 2º objetivo deportivo del 2009: completar las 3 etapas de Salomon.
Me hubiera gustado estar en mejor forma, pero a una semana de los 42k quise que la locura no fuera absoluta y opté por "pasear" descaradamente, lo cual me valió el plus de gozar de ese incomparable entorno sin preocuparme del reloj, así y todo me llevé mi buena torcedura de tobillo y unos cuantos rasguños. Pero que disfrute!
La verdad, el evento merecería un relato acorde, pero debo ser sincera y admitir que me agoté de escribir el reporte de la Maratón y también quiero darles un respiro a ustedes.
En cambio, los invito a husmear en algunos blogs amigos: Tubino, Pablo Lapaz y Alpino han dejado sus impresiones sobre la carrera (siempre con sus particulares estilos) y recomiendo leérlos.
También hay fotos del evento en la página de la carrera, con links a diferentes webs que han aportado sus fotos.
Y es viernes! Día de Bonus Track.
No puedo recomendar un tema utilizado en la Salomon, dado que corrí sin música.
Motivo? Conté con la companía de mi amigote Matute durante las 03:29 hrs que tardé en alcanzar la meta.
Ya que siempre le recrimino sus abandonos, hoy vale el reconocimiento público a quien sin dudas hizo mucho más divertida la competencia. Protestó, pero se quedó.
Van para él las gracias y la dedicatoria de este tema que tanto le gusta al muy punkillo.
Ya lo decía aquel sticker de la Nike 10k: "Estoy enamorado! Ah, no...estoy corriendo"
Friday I'm in love - The Cure
Vale cantar.
Buen finde a todos.
jueves, 21 de mayo de 2009
Todo lo que cabe en el Tapper
Se mezclan mucho las emociones. Por un lado, la entrada al tapper indica la concreción de una meta: completar el entrenamiento específico. Pero también hace salir el lado oscuro de todo objetivo que está por cumplirse: qué pasa después? El día después, digo. Cómo será el 1º de Junio???
Alpino posteó una entrada muy interesante en su blog, justamente hablando de los líos en que se han venido metiendo "grossos" del deporte "el día después" (NdeR: no deja de aliviarme el hecho de que no sea el oro olímpico lo que está en juego, así que lo mío seguro será menos dramático!).
Como para "condimentar" la espera del Día M, mi hija mayor está atravesando una crisis de berrinches de proporciones. Convengamos que el conflicto arrancó a fines de Noviembre de 2007, días en los que supo que tendría una hermana.
Hace casi 10 meses del nacimiento de la peque, y la mayor sigue responsabilizándome exclusivamente del hecho. La cosa, más o menos, es así: "te banqué que la tuvieras en la panza, me aguanté que le dieras la teta...pero ahora que sabe sentarse y está por gatear...bajala de la úpa de una vez!!!"
Estamos a un año y pico de que los alienigenas abdujeron a mi hija tranquila y me dejaron una salvaje incivilizada, con su bello aspecto...
Así las cosas, esta primer semana de tapper ha ido pasando entre visitas a la Directora del Jardín y concertación de entrevista con la psicóloga de la institución.
La buena noticia es que perciben la situación como "normal"...ahora entienden por qué le tengo fobia a esa palabra!!!????
Obviamente, aquellos lectores que sea padres imaginarán que esta situación nos ha regalado unos deliciosos intercambios de argumentos con Marido. Es muy loco ver a dos tipos con un mismo objetivo y planteos tan diferentes. Dialogar, negociar, comprender...conceptos de los que podemos hablar con propiedad en otros ámbitos, parecen inaplicables en una discusión sobre crianza. De a poco, sin embargo, las cosas parecen enderezarse.
Y el círculo virtuoso empieza a rodar: más seguros los padres, más tranquilos actuamos, mejor se comporta la mayor, menos demanda la menor, y así...
Dicen que lo que no mata, fortalece!
El martes pasado, el plan marcaba 10k.
Nuevamente, la firme compañía de H y Matute hicieron que la corrida fuera amena y, en mi caso, con función psicoterapéutica.
Tan metida estaba en los avatares de mi vida familiar, que me pegué al paso que marcaba H (NdeR: que anda volando propiamente, me consta que iba sobradita).
Sin proponérmelo, sin siquiera pensar en la posibilidad...marcamos 57'52" para 10k!
Mi objetivo de la Nativa! Mi objetivo de la San Felipe! Esa sub-hora que tanto se me había resistido, finalmente cayó.
Sin duda, fue una inyección de autoconfianza y un exceso (para mis condiciones, claro) dentro del tapper.
Pero quien me quita lo bailao!
Ayer miércoles, llevamos a la mayor a una consulta médica de rutina.
La cosa se movía con lentitud, así que salí con Lala al patio interno que tienen los consultorios: un pequeño jardín con una rampa que lleva a la cafetería del lugar.
Cual no sería mi sorpresa, cuando Lala me dice "Vamos a correr?".
Así nos alternamos, primero ella y luego yo (de botas), subiendo y bajando la rampa al grito de "Hasta arriba, hasta arriba y más allá!"
Todo, ante la mirada atónita del padre, que presenció nuestro primer entrenamiento conjunto de cuestas!!!
Creo que fue la "reconciliación" que necesitaba con mi hija: volver a disfrutar de jugar juntas.
Ya que arranqué el post "robándole" a Alpino, hoy aprovecho y le robo en doblete! O no les hice acordar al post de su hijo armando un recorrido de Triatlón???
Hoy me tocan 12k y la entrevista con la psicóloga.
Mañana, Bonus Track y les cuento...
lunes, 27 de abril de 2009
A Medias
Si cuento el "tapper", ya estoy a mitad de camino (NdeR: se le denomina "tapper" al período previo a la competencia - usualmente, la penúltima y última semana - en la que se baja la carga de entrenamiento con el fin de que el cuerpo "absorba" el trabajo y llegue descansado a la carrera). Y hablando de mitades, el próximo domingo se corre la Media Maratón de Punta del Este, que figura en mi plan como parte del entrenamiento.
No puedo dejar de pensar en como todo es tan relativo.
La única Media que corrí fue la de Piriápolis 2007, y recuerdo los nervios y la expectativa que tenía ya desde la semana previa. Me parecía una hazaña lograrlo.
Hoy la cosa es muy distinta. No vayan a pensar que le he perdido el respeto a 21k, no señor.
La diferencia está en como está clasificada. Esta Media es un objetivo intermedio, apenas un mojón más de tantos que, sumados, me llevarán a mi GRAN meta: Montevideo 42k.
Cada día, esa meta se hace más presente y ocupa más espacio: llena los pensamientos, las conversaciones y las planificaciones.
El domingo comprobé que pasé lo que en aeronáutica llaman "Punto de no retorno". En ese punto, hay que decidir si dar la vuelta o de lo contrario, el combustible no alcanzará para retornar al punto de salida.
O sea: ya llevo entrenado más de lo que falta para completar el plan. Si no hay lesiones por delante - Filípides no lo permita - sólo un terremoto o cataclismo similar pueden apartarme de esa Maratón.
En la puerta de la heladera está el plan de entrenamiento. Prendido con imanes, convive con el número de delivery del super y los dibujos de Lala.
Sobre la heladera, tengo un pequeño marcador verde flúo.
Cada día de entrenamiento, luego de la ducha, voy a la puerta de la heladera y repaso con el marcador el renglón que corresponde a ese día.
Después, miro. Miro cuanto he hecho, miro cuanto falta. Me inquieto, me emociono, me alegro, me impaciento, visualizo la largada, visualizo la llegada, visualizo mil situaciones en medio de esos dos puntos.
Entonces, abro la heladera e invariablemente, termino comiendo algo que no debo...
jueves, 23 de abril de 2009
El fascismo nuestro de cada día
El martes pasado tenía pautado 19k, siempre siguiendo el plan para Montevideo 42k.
Se suponía que iba a estar acompañada, pero mi socio desistió por cuestiones de higiene. Me explico: el corte de agua afectó a gran parte de la ciudad, incluyendo el club donde suele ducharse.
Así las cosas, me vi solísima para encarar la corrida y lo peor: sin música, ya que se suponía que iría charlando.
El no llevar mp3, de vez en cuando, es interesante. Me permite conectarme mucho más con lo que pasa afuera. Cuando llevo música, la cabeza viaja hacia adentro y no reparo en nada más, a menos que sea suficientemente llamativo o peligroso.
A propósito de esto último, a la altura del mojón 5, un grupo de gente llamó mi atención. A pesar de que no veo nada de lejos, no me costó identificar que se trataba de “planchas”. No había nadie más en la vuelta y yo empecé a ponerme nerviosa.
Tenía motivos: por el mes de Enero (si mal no recuerdo) uno de estos “ejemplares” trató de robarme el gorro en plena Rambla de Pocitos.
Seguí avanzando con cara de “sé artes marciales”, pero ellos hicieron su jugada: “opa, mirá como me hago un gorro!”, “devolveme los championes, cheta”.
Identifiqué un punto en el horizonte y miré fijamente, con la adrenalina a tope esperando el “tirón” para sacarme el gorro o el empujón para llevarse los championes.
Y seguro marqué la mejor pasada de mi vida, una lástima que no chequeé el crono…
Nada sucedió. Tardé unos minutos en recuperarme, sin poder dejar de recordar el episodio del verano.
Yo iba rumbo al Este, a la altura del mojón 9. Estaba concentradísima, porque era un día de cambios de ritmo y encima se me venía el repecho de Kibón.
Vi venir aquel chico en bicicleta, no tendría más de 14 años.
Sentí el golpe en la visera del gorro y como se caía al piso.
Como lo tenía enganchado en la coleta del pelo, no pudo llevárselo.
Contrariamente a lo que yo misma recomiendo a todo el mundo, mi primera reacción fue correr tras aquel chico, sin saber si estaba armado ni que haría con él, en el hipotético caso de que lograra alcanzarlo.
Sin embargo, cuando reaccioné, no fue eso lo que me asustó.
Lo que me espantó de mí misma fueron los horrores que salieron de mi boca mientras lo perseguía. No sólo insultos del calibre que se les ocurra, sino cosas del tipo “después de quejan si los c*gan a tiros!”
Como la mayoría de los mortales, tengo mi componente discriminatorio. Congénito y adquirido. Lucho contra él, trato de eliminar de mi vocabulario frases hechas que desvalorizan a la gente por el hecho de pertenecer a determinada raza, opción sexual o religión. Intento no formarme una opinión sobre las personas hasta conocerlas, aunque sea mínimamente.
Procuro educar a mis hijas de ese modo.
Verme gritando consignas casi fascistas tras un chico, me hizo morir de vergüenza.
Vergüenza de mí, de las cosas que hay en mí.
Es cierto, tengo derecho a tener lo que tengo. No se lo saqué a nadie, me lo gané.
También es cierto que no quiso robarme comida, porque se moría de hambre. Ni un medicamento, porque no podía comprárselo a un familiar enfermo.
Pero yo me podría haber comprado otro gorro como ese, si hubiera logrado robármelo.
Ese chico, seguramente, no sólo no va a poder conseguir ese gorro de otro modo: tampoco es probable que tenga ni una de las oportunidades que yo he tenido.
Ni de estudiar, ni de laburar, ni de tener una familia que me diga si estoy equivocada en lo que hago.
Hace muchos años, cuando trabajaba en un laboratorio, me dejaba atónita el modo en que el asistencialismo está arraigado en gente de bajos recursos.
Llegaban con la receta del medicamento que le había dado el doctor y, como el hospital no tenía, venían al laboratorio “porque si en el hospital no me lo dan, me lo TIENEN que dar ustedes”. Una locura. Andá a explicarles que no, que no es así. Que es el hospital el que tiene obligación, no el laboratorio. Andá también a explicarle a una mamá que no le vas a dar la leche de soja que tiene que tomar su bebé alérgico. Y convencete de tus propios argumentos.
“Yo no tengo. Entonces, como vos tenés, estás en la obligación de darme. Aunque vos labures y yo no mueva un dedo, tengo derecho”.
Sí, muchas veces este es el razonamiento.
Estoy segura de que muchos han escuchado historias del tipo “le ofrecieron trabajo, pero prefirió quedarse pidiendo en un semáforo”. Y es cierto.
También conozco gente que sólo necesita oportunidades. Nada más.
Cómo reconocer quién es quién? No lo sé. Y los que se supone que saben, tampoco le pegaron mucho. El Plan de Emergencia es un ejemplo.
Y si lográsemos identificar quienes apreciarían una oportunidad? Qué haríamos con el resto?
Qué se hace con las personas que no les interesa laburar, que vienen de generaciones y generaciones de gente que vive de otra gente? Miserablemente, pero viven de otros.
Entonces: se justifica que haya intentado robarme? No, claro que no.
Pero tampoco me daba derecho a pensar y a decir lo que dije.
El caso es que yo me creía mejor persona…
miércoles, 8 de abril de 2009
San Ramón Solidario: quién dijo que los corredores no servimos ni para leña?
Nuevamente, se agradece la gentileza de Sayago Running por dejar que hurte sus fotos)
Yo siempre digo que ante un buen argumento hay que callarse la boca. Y acatar, tal es este el caso.
Cuando empezó a circular la primera información sobre la 2ª Corrida Solidaria de San Ramón, Flor comentaba: “tantas veces nos vamos hasta el Congo a correr cualquier cosa, bien podríamos hacerlo para ayudar”. Así, con el barniz de un buen argumento, ir a correr 7.5km a la tarde del sábado pre-Turismo a un pueblo desconocido para la mayoría de nosotros, se transformó en una de las imperdibles aventuras Troteriles.
Marido accedió rápidamente a la invitación (NdeR: será tal vez para compensarme por el Turismo en “The city that never sleeps”???). Sin baby sitters voluntarias a la vista, las peques serían de la partida también.
Dada la corta distancia y carácter lúdico de la carrera, empecé a fantasear con correrla junto a la más pequeña de mis niñas. Hasta la fecha, el padre se venía negando a todas mis peticiones, las cuales empezaron en Noviembre de 2006 (mi primera 10k).
“Y podrás con el carro que tenemos?”, preguntó. “Obvio! “ fue mi respuesta, recordando mis entrenamientos veraniegos junto a la peque.
“Bueno, dale” (NdeR: confirmado, está muy culposo y me quiere compensar. Vaya a saber si es por lo de Turismo o qué herejía habrá perpetrado…).
Llegó el día y (milagrosamente) llegamos a la hora pactada al punto del encuentro: nuestro 8.
Unos cuantos Trotamundos ya se habían reunido y los faltantes estaban llegando, sumados a Zen-tella, que había arrancado en bici para aprovechar la distancia como entrenamiento.
Faltaba el Pingüino, a quien llamamos en tono cuasi patotero (el único tono que entiende) y tras amenazas varias, accedió a unirse al grupete en algún punto de la travesía.
Levis había avisado vía sms que no podía ir, lo cual liberaba un lugar en el Elbamóvil. Rápidamente nos quedamos con Ceci, que era la única que tenía comida para el viaje!
La Trotacaravana salió con Kogan a la cabeza, guiado por el Pato Volador.
Estando al borde de la siesta, un cartel anunció que estábamos en San Ramón.
Había un movimiento moderado en comparación con otras carreras, pero definitivamente extraordinario para el pueblo. Camisetas de varios equipos iban apareciendo en grupos, trotando para entrar en calor.
En la largada/llegada se había dispuesto un escenario y por los parlantes se escuchaba una interesante selección electrónica, muy apropiada para la ocasión.
Y no era lo único que se escuchaba.
Me sobresaltó una voz que agradecía a varias firmas colaboradoras. Era el locutor que acompañó el evento, y merece por lo menos el calificativo de “pintoresco”.
Su timbre de voz sonaba a los mismísimos Huevos Cartoon…si le hubiese intercalado algún “güey” a su alocución, sería imposible notar la diferencia con la célebre animación.
Del mismo lado del escenario estaban las mesas de inscripción. Evidentemente, ni la camiseta, ni los championes, ni la actitud me hacían ver como una corredora…sería por el carro con bebé adentro? Estuve parada allí un buen rato sin lograr que alguien tomara mis datos.
En cambio, varias corredoras de otros equipos pasaban y pasaban ante mis ojos, y todas salían con sus números.
Finalmente, decidí autogestionar mi inscripción. Me apoderé de la única lapicera que funcionaba y de una copia del deslinde de responsabilidad.
Ya casi sobre la hora de largada, me dediqué a ubicar el auténtico motivo que me había llevado a San Ramón: el puesto de tortas fritas. Debilidades tenemos todos.
De paso, me enteré que el recorrido constaba de tres vueltas al circuito armado en la calle principal del pueblo.
Don Pintoresco anunció a toda voz que “la gente que estábamos esperando ya llegó, así que en minutos dará comienzo la competencia”. Y apareció el Pingüino, abrochándose el número a la altura del abdomen, para disimular la hinchazón que le provocó esa obscena porción de mejillones…
Beso a Marido y a Lala, que no estaba muy convencida de los motivos por los que el carro con su hermana iba a ser parte del asunto. Todos a la largada, junto a algo más de cien personas (NdeR: es lo que decía en la mayoría de las páginas de corredores, yo soy incapaz de calcular cantidades de gente, a menos que los cuente uno por uno).
“Y vamossss a iniciarrrr la cuennnta regresivaaa… Oooonceee (NdeR: ONCE?!?!?!?) …dieeez…nueveeeee…”
Así fue que la carrera de San Ramón pasó a la historia (al menos, a la historia de Trotamundos) como la primera en que la cuenta regresiva arrancó desde el número once. La figura de Don Pintoresco tomaba proporciones de leyenda.
Largamos!
Todo el Troterío junto, aunque por poco tiempo.
Rápidamente, Mauro captó la admiración que produce un bebé en la platea femenina y se hizo con el control del carro. Tenía mucha razón Zen cuando hacía esta observación.
Efectivamente, más de uno debe estar gestionando el “préstamo” de sobrinos, ahijados o similar para trillar la Rambla. Los padres, agradecidos.
Decía que Mauro cazó el carro y no había quien se lo sacara. El problema es que el caballero corre, digamos, levemente más rápido que yo. Agotarme en la primera vuelta no estaba en mis planes.
Con la autoridad de ser la madre de la criatura, le arrebaté el vehículo y el bueno de Mauro tuvo que valerse de sus propios recursos para mantener el éxito cosechado.
El resto del Troterío rápidamente entendió que acelerar no era parte de mis plan, y los que se aburrieron de mi pasito empezaron a distanciarse. O sea, todos.
Las excepciones fueron el Pingüino y el Barba: el primero, incapaz de moverse dado el abundante almuerzo. El segundo, muy interesado en probar su nuevo chiche tecnológico, fotografiaba todo cuanto veía.
Otros, como Zen y Kogan, iban y venían entre ambos grupos de Trotamundos y llevaban el carro algún trecho.
La ocupante del rodado, a todo esto, estaba espléndida.
Miraba atentamente el entorno y a sus ocasionales “choferes”, dedicándose ya sobre el final de la prueba a emitir toda clase de sonidos guturales. Habitualmente los usa para llamar a su hermana.
Hablando de la hermana, festejó alegre la primera pasada por el circuito, pero cuando vió que la cosa seguía…no le gustó nada que la dejara ahí y siguiera con la menor. Tal fue el reclamo, que al final de la segunda vuelta paré para hacerle upa unos segundos.
Fue justamente finalizando la segunda vuelta, cuando un grupo de adolescentes se había reunido en la UTU o liceo (no lo pude identificar). A nuestro paso, comenzaron a alentar fervorosmente.
“y ahí iba el Pingüino, llevando el carro. Todo emocionado, porque pensó que los gritos eran para él. Pero, no.
En cuanto las chicas vieron al Barba empuñando su Iphone, se empezaron a escuchar las exclamaciones de ‘Barba, Barba!’. Lo reconocen en todos lados, es ‘El Uno’ indiscutido!”
(NdeR: el párrafo anterior se escribió entre comillas ya que es una reproducción fidedigna del dictado que me hizo el Pingüino. “Elba, vos en el reporte tenés que poner así: bla, bla, bla”. Lo tomo como una colaboración autoral)
“Y vamosss a darle un aplauso a esa madreeee, que corrió con su bebéeee…”
Don Pintoresco le dio una cosa como épica al asunto, lástima que nadie le avisó que todavía nos quedaba OTRA vuelta, aunque la mayoría de los competidores ya hacía rato que habían llegado y estaban haciendo cola para las tortas fritas.
“Al padre también!” le gritó Kogan señalando a José, un veterano corredor que venía al lado nuestro.
“Cla…claro que sí! Un aplauso para el padre también!” vociferó Don Pintoresco.
Ya en la última vuelta, se acercaron Zen y Rita para acompañarnos hasta el final. Se nos sumó Sabrina Zen, con quien cruzamos la línea de llegada (NdeR: ya mencioné que tiene un nombre estupendo para diseñadora de indumentaria?).
Allí nos esperaban “mis amados fans”, que siguen sin entender que hago corriendo…pero siguen. Y me siguen.
Nos abrigamos e hidratamos con unos refrescos que amablemente invitaron Kogan y Pato, que aprovechó para hacer un mini tour de compras y se llevó una bolsa de galletas de campaña y creo que algún embutido casero. Ya decía yo que debilidades tenemos todos.
Mientras, el escenario se alistaba para recibir los espectáculos musicales.
Ajenas a los preparativos, junto a Flor nos ubicamos en el puesto de tortas fritas, ávidas del criollo manjar.
Parece que la demanda los desbordó, y tras esperar unos 20 minutos, nos dimos por vencidas.
Mientras nos retirábamos me pareció ver a Tubino, esperando la torta frita con calma. Habrá tenido éxito?
Igual no me quejo: las galletas de avena que cocinó Ceci estaban exquisitas y las merendé con ganas a la vuelta.
Y nos divertimos mucho! Y comprobé (una vez más) que correr con el Troterío hace de cualquier carrera, un evento fuera de serie. Y ayudamos, con una gotita en el mar. Pero, como dice Alpino, el mar sin una gota sería menos.
Y derecho de piso hay que pagar en todos lados, así que para la edición 2010 de San Ramón…me encargo las tortas fritas antes de la carrera!
martes, 24 de marzo de 2009
El nuevo Ramírez - Maroñas Running Race Report
Ni bien terminé de cruzar la meta en la Nike 10k 2008, mi cuñado me entregó un volante que había conservado desde la largada.
“10 mil metros a pura sangre”, decía. “Y vos corriste toda la carrera con esto?”, le dije.
“Obvio! Es la carrera del Contador!”, respondió. Y sí.
Maroñas Running fue la primera carrera declarada “de interés familiar” en casa: aprobado por Tati - que ya tiene sobrada experiencia en el Trotaequipo de Apoyo- Mamá la corre, Papá trabaja en la empresa que la organiza y se hace el día del cumple de Lala.
No dudamos en aplazar el festejo del cumple para el domingo, ni en complicarle la existencia a mi hermana y cuñado que estarían en el Pilsen Rock.
Y cuando teníamos todo armado…la hijaeunagransiete de la madre de Aquiles no le sumerge del todo el pie en el menjunje ese que lo volvía medio Superman: de ahí surge la denominación “Talón de Aquiles”, que identifica la parte de la pierna donde se unen el soleo y el gemelo en un tendón que me viene jodiendo hace días…
Eso decía Homero (no ESE Homero, el OTRO), la fisiatra dice que es por sobrecarga.
Ahí tienen! Ya ven lo que pasa cuando una entrena en serio?!?!?!
Así, pues, abandoné el entrenamiento, hice las elongaciones indicadas, puse la pata en hielo mientras leía cuentos a mis hijas, me fisioterapearon…
Finalmente, H y yo asistimos a una de las charlas previas a la carrera. La posibilidad de probar la pista fue un lindo pretexto para testear a Aquiles.
Después de semana y media sin ponerme un champion, correr 100 mts me dejó sin aire.
La falta de irrigación al cerebro por falta de oxígeno me impidió percibir dolor alguno.
Decidí entonces que el dolor había cesado y eso me habilitaba a correr.
Era el cumpleaños de Lala, pero el regalo me lo hicieron a mí: las pequeñas con sus remeras oficiales de Trotamundos, iban a alentarme llevadas por su orgulloso padre. Recién ahí me di cuenta de que era la primera vez que íbamos todos juntos a una carrera (NdeR: si no tomamos en cuenta la Media que Tati corrió en categoría Intrauterina…).
El Hipódromo era una fiesta. El ir y venir de la multitud de corredores y acompañantes me recordaron enseguida al Gran Premio Ramírez.
Decenas de personas identificadas con la camiseta “Staff” daban la bienvenida, guiaban e informaban.
Nos encontramos con el Carrara Team y fuimos directo a la entrega de chips, que fue rápida y ordenada.
De ahí, al encuentro con el Troterío, todos en buenas condiciones luego de “La Barbarie” (NdeR: o también conocida como “El cumpleaños de 15 del Barba”. Y cuando digo “todos” me refiero a “todos los que fueron a la carrera”…del resto poco se supo y lo que se supo, mejor no contarlo!).
Los Carrara, Charly, Glenda, Popoto y Sra. de Popoto. A propósito de Ale B, rápidamente se convirtió en asistente de Jota encargándose de Tati. Hay que creer en el instinto maternal, dado que la pancita aún es imperceptible, pero se manejó como una experta (NdeR: sumado al hecho de que mi hija es una santa divinura, además de bella).
El teléfono empezó a traer noticias de los que faltaban: H pedía coordenadas ya que no nos veía, mientras que Rafa hacía gala de una innegable uruguayez, preguntando si podía pagar la inscripción y retirar el kit in situ. A todo me dijeron amablemente que no, pero él se las ingeniaría luego…
Nos encontramos con H y en vista de que la hora de largada se aproximaba, hicimos la foto oficial.
Beso a mis amores e ingresamos a la Zona de Calentamiento.
Pocas veces una denominación fue tan certera: había una temperatura importante.
Y no sólo hablo del clima: había caballeros fuera de sí.
Como muestra, les dejo el comentario más ilustrativo que escuché a la pasada.
Hombre de 35-40 años se encuentra con amigo/conocido de similar franja etárea. Se da el siguiente diálogo:
Hombre1: Qué hacés?!?? Cómo andás!?!?
Hombre 2 : Fenómeno! Y vos? Tanto tiempo!
H1: Acá estoy, a ver si llegamos!
H2: Viste cómo está esto? (NdeR: dicho con tonito un tanto lascivo)
H1: Yo estoy como loco! Hay algunas que les falta relinchar, nomás!
Otros que le ponían temperatura al asunto eran los profes que dirigían, justamente, la entrada en calor.
Muy bien elegidos, los chicos.
Obviamente, mi apreciación está puramente basada en sus aptitudes técnicas y en su poder de convocatoria...
Mientras algunos entran en calor, yo aprovecho para estirar. Mantengo un sincero intercambio con Aquiles: “Si te interesa, hacemos un trato. Yo no te exijo y vos no protestás, tá?”. No pude escuchar si me contestó, porque en eso apareció en gran locatario: Levis. Me puse a charlar con él y me olvidé de Aquiles por un rato.
Comienza el ingreso a la pista para la largada. Estoy ansiosa y feliz. Aplaudo. Estiro. Charlo. Reviso la playlist y cambio la de rock nacional por la de hip hop.
H hace lo mismo, pero como es mucho más ordenada, se limita a ubicar en el Nano una que se llama “Maroñas”. Está concentrada y no habla mucho. Tiene el objetivo de bajar los 55 min y un esguince que cuidar.
Me cuenta que su selección musical está compuesta por temas de Bonus Track.
Me hace sentir feliz y orgullosa.
Los últimos corredores que llegan a la largada pasan por nuestro lado. De pronto, dos remeras de Trotamundos se abren paso al galope: Rafa y Colo habían logrado convencer a la Seguridad de sus motivos para correr la carrera sin número y sin remera oficial.
Será porque dos tipos que cruzaron los Andes pueden conseguir cualquier cosa!
Con todo y campanazo, la inconfundible voz del locutor de Maroñas dio la orden de “ingreso a partidoressss. En 30 segundos se está larrrrgando la primera edición de Maroñas Ránin”. Me siento eufórica. Miro el Palco. Muchos acompañantes, muchas cámaras, banderas y binoculares.
Trato de identificar a los míos, pero no los veo (NdeR: tal vez se deba al hecho de que estaban cómodamente instalados en la oficina de Jota, tomando Coca y comiendo galletitas!).
Se escuchan gritos, risas y muchas imitaciones de relinchos.
Choque de manos y “buena carrera!!!” con el Troterío. Todos preguntan por Aquiles y me repiten: “Tranqui”.
“3…2…1…LAAAARRRRGARONNNN!”
Salgo despacio, disfrutando de la clásica estampida de corredores que me pasan como loquitos.
Dejo ir a mis amigos, con excepción de Glenda con quien compartiría al menos 2km.
Salimos a la calle.
Una serie de continuas bajadas me ayuda a agarrar el paso sin ahogarme.
Las dos semanas quieta me pasan factura y tardo algunas cuadras en encontrarme cómoda.
Recuerdo el indicador de 2k como el primero que ví.
Al encarar el primer repecho, ya estaba coordinada (dentro de mis parámetros, se entiende).
Empiezo a preocuparme por el calor. El asfalto irradia un fuego que me recuerda a mis entrenamientos de verano. “Pude ahí, voy a poder ahora”, pensé.
Trato de apartar la cabeza de mi Aquiles, pero estoy demasiado pendiente.
“Ok”, pienso, “Me voy a distraer con el entorno y no voy a seguir pisando con miedo”. Si me dolía, paraba y listo.
Así, ajena al reloj y a la lesión, me puse a mirar la carrera.
Los vecinos salían a las calles entre curiosos y contentos. No faltaron gritos del tipo “Mirá que hay que ser bol*** pa’ pagar pa’ correr!”, pero la mayoría se mostró alegre con el inédito acontecimiento. Alentaban con ganas y hasta alguno salió a la vereda con la manguera del jardín para refrescarnos.
Los que no estaban muy contentos eran los automovilistas. Tocaban bocina fastidiados y discutían con los policías que controlaban el corte de calles. Recordé mi pasaje favorito del libro que me prestó el Pingüino: “El Maratonista”, de Oscar Marsili. Una amiga que lo sigue en moto (esposa de corredor, ella), hace un visceral descargo contra la dictadura a la que los corredores sometemos al entorno. “Esos pantalones cortos rigen al mundo”, decía. El sábado, al menos regían el tránsito del barrio.
Mi gran momento de cuelgue lo vivo en el tramo de Centenario hasta Corrales. Trabajé casi 4 años en esa zona y muchas cosas fuertes de mi vida acontecieron en esos años. Fue muy loco pasar por ahí corriendo.
Me “descuelgo” y vuelvo a la carrera. La sucesión de repechos me ha dejado sin piernas, pero mi preocupación es no molestar a Aquiles y tolerar el calor. Recuerdo los casi dos litros entre agua y bebidas deportivas que tomé durante el día. También la pasta con aceite de oliva y nueces que me preparó Jota.
Todo estaba contribuyendo a que no cayera de boca al piso.
Una moto policial distrae mi atención. Entonces me doy cuenta del gran operativo de seguridad. Conste que estoy entre los últimos y tanto el patrullaje como el corte de calles siguen firmes.
Ocurre mi primera metida de pata equina: sobre la vereda, veo un chico con camiseta de “Staff” que hubiese jurado que era uno de los compañeros de Jota. Le grito “Que hacés ahí?!? Tendrías que estar corriendo, no mirando!”. Tarde me avivo de que NO era él. Colorada de vergüenza, tuve que escucharlo responder “Dame 15 min y voy a correr con vos!”, en lo que seguro creyó era un descarado avance. Una auténtica embestida baguala, teniendo en cuenta de que no veo NADA de lejos.
Ya estamos bordeando el Hipódromo y mi ansiedad por pisar la pista va en aumento. Miro el crono por primera vez en todo el trayecto: aproximados 6:50/km, y sin intenciones de acelerar!
Me cruzan Rafa y Colo en sentido contrario. Rafa me avisa que el ingreso al Hipódromo está enseguida de la siguiente curva y sus ánimos me dan energía. Salen a buscar a Glenda, a quien perdí de vista en uno de los primeros repechos.
Ingresamos al Hipódromo y enseguida nos encontramos en el bosque. Desde que corrí la Salomon me encanta correr por ese tipo de lugares y sin dudas, le dio un toque diferencial a una carrera de ciudad.
La sombrita me dio un respiro, porque el calor realmente se sentía a esas alturas.
Finalmente, la pista!!! Tantas veces estuve en el Hipódromo, ví tantas carreras…y ahora yo integraba una!!!
Pese a que la mayoría de los corredores ya había pasado, la arena se mantenía firme y no había pozos que temer.
Ocurre entonces mi segunda metida de pata: pasando el arco que anunciaba el Sprint, un puesto de control chequeaba los números de corredor.
Cuando voy pasando, instintivamente me llevé una mano al pecho, como un “soy yo”, sin darme cuenta de que obligaba al pobre tipo que dictaba los datos a perseguirme para poder ver el número.
Me sentí muy estúpida.
Ni sprint ni ocho cuartos. Aquiles venía cumpliendo su parte del trato y no sería yo quien rompiera el acuerdo.
En cambio, me dediqué a disfrutar de los aplausos del Palco, como si el mismísimo Leguizamo estuviera paseándose por la pista.
En esa hermosa obra de la arquitectura, en ese lugar que tanto hemos aprendido a querer…hoy yo era locataria!
Pisé la alfombra en 01:05 y sin dolor, luego de dos semanas de inactividad total.
Me encuentro con H. Me convida agua en una botellita de Nativa Edición Maroñas. Una paquetería.
Le pregunto por sus 55 minutos. No pudo, pero porque la carrera fue muy dura. Todos coinciden. Igual está contenta, el tobillo aguantó.
Yo también estoy contenta. Las endorfinas me brotan. Se extrañaba la sensación.
Nos encontramos con el resto del Troterío. Vamos a estirar y también llega mi familia. “Cómo estás?”, pregunta Jota, pero por mi cara sabe que todo estuvo bien.
El murmullo general es unánime: circuito duro, mucho calor, muy buena carrera. Me cruzo con algunos responsables de la organización. Esperan con ansiedad los comentarios. Están satisfechos. Cerca de 2000 personas para esta primera edición. Y ya empezamos a pensar en el 2010!
De camino a casa, paramos en un super a comprar algo para comer antes de la torta de cumpleaños.
Fue rara la sensación de tener antojo por los brotes de alfalfa que ví en Verduras…
Peor fue cuando Jota me ofreció un terrón de azúcar para recompensarme por mi desempeño en la carrera…
miércoles, 4 de marzo de 2009
Ser/Mujer

Tal vez mi tibio o casi nulo feminismo se deba a eso: nací en una época donde hay muchas cosas resueltas, cosas a las que otras dedicaron sangre (click aquí para saber un poco más).
No critico a las feministas, sólo hay “igualdades” que me parece que restan. Obviamente, no hablo de que ganemos menos por iguales tareas ni de que, para ocupar cargos tradicionalmente masculinos, tenés que ser un prodigio.
Apunto más a esa “masculinización” que veo en muchas mujeres. Incluso en mí, que tengo una familia donde los hombres son absoluta minoría: nos masculinizamos, nos ponemos más pragmáticas, elegimos seguir el camino de las pruebas fehacientes y no el de la intuición, ese don maravilloso que se aloja en el par cromosómico XX…
Ni hablar de la comprensión, muchas veces sustituída por la tolerancia. Comprender es aceptar al otro, es un “esta persona es así, la quiero así? Ok, entonces ya sé que esperar”. Tolerar es más un aguantar, es más un “es lo que hay y cuando no me lo banque más, chau”. Me suena más a "soy tan superada, tan más que vos, que te tolero en tu errado proceder". Siento que últimamente la tolerancia tiene mejor prensa que la comprensión...
Soy un poco machista, lo sé. Mis apreciaciones pueden sonar anacrónicas, también a mi me lo parece. Pero sostengo que las mujeres no deberíamos pelear por más igualdades de las que nos corresponden como personas que somos.
Madre Natura no es boluda. Por algo la vida llega a través de nosotras, por algo soportamos mejor el dolor (físico y espiritual), por algo criamos y alimentamos: porque tenemos lo que se necesita para hacerlo. Nuestras diferencias hacen que nos complementemos, hombres y mujeres, ese fino equilibrio entre el on/off masculino y el femenino cuestionamiento de TODO.
Está escrito en nuestro código genético, desde que el primer hombre mató al primer mamut y lo llevó a la primera choza que construyó la primera mujer.
Muchos hombres que conozco están perdidos en el espacio: su instinto proveedor de alimento y seguridad está desapareciendo.
Nosotras trabajamos, parimos, estudiamos, vamos al gimnasio, al astrólogo y a terapia…para que necesitamos a los hombres??? Sexo, dirá Ud. Y a que hora????!?!? Nunca hay tiempo, o bien siempre estamos demasiado cansadas, de tanto que abarcamos…
Por eso digo que hay igualdades que no sólo no suman, sino que nos privan –a hombres y mujeres- de desarrollar nuestras mejores cualidades de género.
Insisto en que los atributos de los que hablo son espirituales, no es una generalización de todos los actos banales asignados a uno y otro sexo.
A ninguna mujer se le han caído las pestañas por cargar una bolsa de escombros (NdeR: hablo con conocimiento de causa) ni ningún hombre ha quedado impotente por lavar los platos (NdeR: también lo he comprobado personalmente).
Yo siempre creí que mi realización estaba en mí misma.
Empecé a trabajar siendo chica, estudié mucho muchas cosas y no quería ni escuchar hablar de hijos propios. Huía despavorida de cualquier cosa que limitara mis libertades.
“Uno suele hallar su destino en el camino que toma para evitarlo”, dice el Maestro Oogway en “Kung Fu Panda”.
A mí me pasó.
Pero no quiero decir que el destino de toda mujer sea ser una Susanita tardía como yo. No, señor. Quiero decir que, a veces, esperamos tanto de nosotras mismas, que nos olvidamos de pensar en si queremos realmente todo lo que esperamos.
Y sé que este post es “quejarse de llena”. Pero es la época que me tocó vivir. En otras, seguramente me hubieran quemado en la Plaza Matriz por bruja o me hubieran señalado con la letra escarlata…
Luego de esta breve introducción, les cuento que el 8 de marzo no será un día cualquiera en la ciudad de Buenos Aires.
Nike celebrará la 3ª edición de “La carrera de las chicas”, una competencia de 5k exclusiva para damas.
Este año bajo el slogan “Nosotras también corremos”, se espera una masiva concurrencia dada la corta distancia de la prueba y el explosivo crecimiento del running en los últimos tiempos.
Para algunas, una carrera cualquiera. Para otras, una linda remera Dri-fit. También están esas que aprovecharán para bajar sus tiempos.
Pero hay una (al menos, una) que espera esta carrera con singular entusiasmo: el entusiasmo del debut.
Para Ilu, creativísima cocinera vegetariana y distinguida seguidora de este humilde blog: éxito, viento a favor, temperatura óptima, piernas livianas y el disfrute total en tu primera carrera. Salú!
martes, 10 de febrero de 2009
Una hazaña que dura 3 días y mide 100 km
(los corredores a los extremos de la foto son los Trotamundos Colo y Pato: los "anormales" rankearon en la posición 43 - entre 500 - y lo hicieron en un total de 14hrs 09min 57seg. Monstruos!)domingo, 1 de febrero de 2009
Cruce peatonal, dijo?
(transcripción completa de mi propio post publicado en la pizarra de Trotamundos, ayer domingo 1º de febrero)Toda mi vida he padecido el miedo. A puro esfuerzo logro mantenerlo a raya.
Cuando fui adolescente, le tenía miedo a cualquier cosa que me limitara.
Ahora le tengo miedo a cualquier cosa que me lleve de al lado de la gente que amo...
viernes, 30 de enero de 2009
Un rato lejos del mundo
Es que se me están acumulando temas y canciones. Temo olvidarme de detalles importantes, así que he decidido unificar posts y hoy (junto al Bonus Track correspondiente) les va el relato de mis mini vacaciones en el interior de la República.
Arrancamos el sábado a la mañana, con un previsible retraso de una hora. Ni me agité.
Cuando tenés al menos 5 horas de viaje por delante, un poco más tarde o más temprano... es anecdótico.
Luego de un viaje tranquilo, llegamos a Melo: la auténtica ciudad que "nunca duerme" (NdeR: es de los pocos lugares - tal vez el único en Uruguay - cuyos boliches abren TODOS los días).
Pero para una madre deportista el peligro no es "la noche": el auténtico flagelo es el sedentarismo y el arroz con leche de mi suegra.
Afortunadamente, en este tiempo la ciudad ha ganado plazas y paseos disfrutables para hacer con las peques (factor sedentarismo: neutralizado).
Desafortunadamente, el arroz con leche de mi suegra sigue siendo exquisito y todavía no ha desarrollado una versión light...
Claro que si hablamos de "cosas-para-hacer-en-Melo", la "cosa" por excelencia es ir a la chacra.
Es un lugar mágico, bendecido con las mejores emociones humanas.
Paz, armonía, contacto con el ser propio y con los demás, observación del orden natural, disfrute del aquí y el ahora...
Hemos caminado muchas veces por sus campos, su cañaveral, el costado de sus lagos ("azudes", como los llaman allá)...
Una cosa me quedaba pendiente: correr en Melo, por la ruta hacia la chacra.
El domingo 25 estaba pautado el inicio del Dukeplan (NdeR: en próximos posts habrá comentarios al respecto) y la oportunidad era perfecta: correría los 7k que separan la ciudad de la chacra, por la Ruta 26.
(Les linkeo este mapa de rutas nacionales, para que encuentren la 26 y se hagan más a la idea)
Sólo surgió un detalle: ni bien terminé de atarme los championes, una lluvia importante comenzó a caer.
Digamos que antes de ser corredora no era muy amiga de la lluvia. O sea: sí me gustaba, pero de lejos. Como me pasa con la mayoría de los animales.
El tema ese de mojarme no me agradaba nadita.
Pero confieso que corriendo es diferente. No hay que preocuparse por el peinado ni por la ropa. El agua fresquita reanima y el sonido genera un clima único.
Marido e hijas me dejaron en el mojón correspondiente. No deja de sorprenderme la naturalidad con la que mi familia ha comenzado a vivir mi actividad.
Allí estaban: un marido, una pequeña y otra aún más pequeña... dejando a una demente disfrazada de corredora bajo una tormenta cerrada, en plena ruta.
En segundos, ya estaba empapada. Afortunadamente, el calor ambiental y mi propia temperatura evaporaban rápidamente el agua.
Me calcé los auriculares y arranqué a paso firme. Me sentía fuerte y motivada por la "aventura".
La total soledad reinante me permitió ir cantando a grito pelado, sin sentir vergüenza.
Iba espléndida y tranquila. Por la banquina izquierda y con todos los reflectivos que poseo, para maximizar la seguridad.
Sólo un detalle se me había escapado: empezaron los relámpagos.
Ay, Dió!!! Miren que a mí no me asustan las tormentas. Pero al hacer un repaso de las condiciones en las que estaba... en movimiento...completamente mojada... y con el celular encima!!! Era un imán para cualquier rayo que estuviera cerca.
Traté de tranquilizarme y de apurar el paso. No quedaban más de 2k y yo iba bastante rápido, pero algunas cuestas pronunciadas complicaban el trámite.
"La rep***a madre! Quién me manda a mi??? Por qué mie*** no puedo quedarme en casa cuando llueve, como la gente normal???".
Minutos después, todo cambió. Apenas una llovizna. Frente a mí, el cielo empezaba lentamente a abrirse y las nubes se iluminaban.
La chacra estaba a la vista, lejos aún, pero ya visible.
El resplandor se hacía más intenso, hasta que algunos rayos se filtraron a través de las nubes.
Ya veía nítidamente la gran loma de la chacra, el azude principal, con su bosque de eucaliptos...
No pude evitar emocionarme. Tantas veces hice ese recorrido en auto, que casi había olvidado el vértigo que sentí en el estómago el día que Jota me llevó a conocer "La Serena" (NdeR: tiene otro nombre, pero a mí siempre me pareció que tenía que llamarse así).
En ese instante, era como si volviera a verla por primera vez. Estaba descubriéndola otra vez.
El azude estaba lleno de aves. Con poquísima agua, por la sequía.
La lluvia que estaba terminando había animado a los patos, las garzas, los chajá.
Mientras subía la loma, me saqué los auriculares.
Ustedes dirán que estoy loca (y lo estoy), pero juro que el lugar estaba "cantando".
Sí.
El viento que pasaba por los eucaliptos y el agua, mezclado con los sonidos de las diferentes aves...y nada más. Hasta el crujir del pasto mojado al pisarlo se escuchaba fuerte.
Un silencio enorme.
Un poco nerviosos por la tormenta, todos me esperaban. La mayor sale a recibirme y recorre los últimos metros a mi lado.
Otro regalo...
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No estaba en la "playlist" elegida para la ocasión, pero visto en perspectiva es una canción hecha a la medida de este relato.
Y porque tengo ganas de recomendar una de mi banda de cabecera!
CARRETERA PERDIDA - Buitres
Vale cantar. Buen finde.
lunes, 12 de enero de 2009
Alta literatura

Mi hermana llegó a preocuparse, seriamente, el día que me pescó leyendo los papeles de diario que envolvían los adornos navideños.
Como le sucede a todo el mundo, la maternidad redujo bastante mis oportunidades de lectura. Tal como apunta la genial Vicki Iovine en uno de sus libros, una madre reciente no lee nada que no pueda ser consumido en una visita al baño.
Con este panorama, las crónicas de carreras (o "reis ripors", como las rebautizamos en Trotamundos) fueron un verdadero hallazgo y una nueva oportunidad para Elba La Lectora. Casi sin quererlo, también fueron mi primer acercamiento a algo parecido a escribir, cosa que siempre he deseado y nunca me he atrevido.
No huyan despavoridos, no voy a someterlos a la lectura de mis "obras" (para eso tengo a mis compañeros de equipo).
En esta suerte de nuevo rubro literario, también hay genios. Gente con una capacidad descriptiva tal, que te lleva a visualizar el entorno del relato al detalle. Casi como estando ahí.
Así, un hecho que a simple vista es un montón de gente corriendo hacia un punto, se transforma en una epopeya de dimensiones cuando pasa por estos atletas literatos.
Llorar de risa y de emoción es una constante a lo largo de sus relatos.
Hay unos cuantos para nombrar (siempre es muy correcto decir esto antes de seleccionar a los que de verdad son capos), pero sin duda mis favoritos son: Ernesto Toubes, Carlos Martinatto (El Ramblero Solitario) y Alain Mizrahi (El Gusano).
Clickeando sobre sus nombres, llegan a algunos de los relatos que han sido publicados.
Si sos corredor, leé por lo menos uno de cada uno.
Yo recomiendo especialmente "Cómo joderse bien jodido en 32 lecciones", del Ramblero Solitario.
A quien no le ha pasado...
Disfruten.
viernes, 9 de enero de 2009
¿Qué necesidad?
Segunda escena: 3pm. Traigo a la mayor del Jardín de Infantes. Calmo el llanto de la menor que se angustió por no verme un rato. Convenzo a la mayor de usar la pelela y no un pañal, a la vez que negocio ver la enésima repetición de Kung Fu Panda después de la siesta. Se calma la una, se duerme la otra. Me visto a lo loco, me unto filtro solar en cuanta piel veo. Afuera hay 40º a la sombra. Salgo.
Tercera escena: 9am. Marido y la mayor se van a sus respectivas actividades luego de baño-desayuno-vestirse-peinarse-llevar vianda-mochila-juguete elegido del día. Cierro la puerta y siento como si el mismísimo Tren Bala japonés me hubiera pasado por encima. La menor sabe que llegó su rato de exclusividad. Pide baño y desayuno (es un decir, ya que jamás pasa suficiente tiempo sin comer como para calificar de "ayuno"). Pronostican calor rajatierra para la tarde. Me equipo con mi disfraz de drifit. Meto a la menor en el carro, que por cierto no es uno de esos espectaculares de 3 ruedas. Hoy toca cuestas, serán divertidas con el peso extra del carro y de su ocupante. Salgo.
¿Cómo se llama la película? "Si querés ser la Sra. Ingalls, bancate entrenar a cualquier hora y en cualquier condición".
Por favor, que no se entienda como una queja. Lo hago porque me gusta. Ambas cosas: ser la Sra. Ingalls con championes y entrenar con protectores para lactancia.
Podría elegir no hacerlo (entrenar, porque de lo otro no hay vuelta). Y ahí está el quid del asunto: ¿qué lleva a alguien a correr por NADA, atrás de NADA? ¿por qué alguien dedica a esto tiempo, energía y dinero que a menudo no tiene?
Para estas preguntas, hay tantas respuestas como locos dedicados al running. Como la fe, no se impone por la fuerza (la prueba viviente son los championes de mi marido en el fondo del placard) y sólo quien lo experimenta puede comprenderlo.
Y así como la fe, está lleno de pruebas. Resistir al sillón con la tele enfrente, a quedarse cuando llueve, cuando hace frío o demasiado calor, resistir a los manjares para merendar un domingo por la tarde o a las miradas compungidas de dos niñas y un marido cuando salís por un par de km.
Todo entrenamiento o carrera tiene un momento donde la frase es "¿qué estoy haciendo acá?". Con suerte, la última frase es "que suerte que vine".
Pero no es fácil. Es un trabajo diario y de hormiga.
Y hay que aguantar cada cosa...
Ayer salí con la menor en el carro. Finalizado el entrenamiento, paré bajo los árboles para que el sol no la molestase y me puse a estirar.
A pocos metros, dos señoras tomaban mate aprovechando la misma sombra que nosotras. Una de ellas, indignada, le comentaba a la otra (en voz alta, para que yo la escuchara) que disparatado le parecía que corriera con aquella criatura tan pequeña en el carro. "¿Qué necesidad? - continuó - ¿No puede caminar y dejarse de pavadas?".
La menor seguía durmiendo plácida, como casi todo el rato que corrí con ella. Cuando advirtió la falta de movimiento, despertó con una de sus habituales sonrisas.
Allá marchamos para casa, relajadas por el descanso y el cansancio, respectivamente.

